Antonieta Rivas Mercado: notable promotora
cultural de principios del siglo XX
.

Antonieta Rivas Mercado: notable cultural
promoter of the early 20th century.

 
 

Adriana Ruiz Razura
Universidad de Guadalajara
(MÉXICO)
CE:
adriana.ruiz@cuaad.udg.mx
https://orcid.org/0000-0003-3218-46600


DOI: 10.32870/rhgc.v6.n11.e0031

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0

 
          Recepción: 01/10/2025 Revisión: 13/11/2025 Aprobación: 15/12/2025  
     

Resumen.
Este artículo examina la vida y obra de Antonieta Rivas Mercado (1900-1931), no solo como musa trágica, sino como agente cultural decisiva en la modernización cultural de México. A través del análisis de su correspondencia privada, su crónica política de la campaña vasconcelista y su participación financiera e intelectual en proyectos como el Teatro Ulises y la revista Contemporáneos, se reconstruye su figura más allá del mito del suicidio en Notre Dame. Explora las tensiones entre su vida privada y su vida pública, caracterizada por un desafío constante al nacionalismo folclórico en favor de una cultura universalista, concluyendo que su escritura y mecenazgo constituyeron un acto de resistencia y una búsqueda de identidad propia en un entorno patriarcal y posrevolucionario.

Palabras clave: Antonieta Rivas Mercado, Teatro Ulises, Vanguardia artística.

Abstract.
This article examines the life and work of Antonieta Rivas Mercado (1900-1931), not only as a tragic muse, but also as a decisive cultural agent in the cultural modernization of Mexico. Through an analysis of her private correspondence, her political chronicle of the Vasconcelos campaign, and her financial and intellectual involvement in projects such as the Teatro Ulises and the journal Contemporáneos, her figure is reconstructed beyond the myth of her suicide at Notre Dame. It explores the tensions between her private and public life, characterized by a constant challenge to folkloric nationalism in favor of a universalist culture, concluding that her writing and patronage constituted an act of resistance and a search for her own identity in a patriarchal and post-revolutionary environment.

Keywords: Antonieta Rivas Mercado, Ulises Theater, Artistic avant-garde.

 
 
 

Introducción

Es necesario un examen histórico más extenso de la figura de Antonieta Rivas Mercado, que a menudo se limita al trágico suceso de su fallecimiento en la catedral de Notre Dame en 1931. Se rescata su contribución cultural e intelectual, además de destacar que participó activamente en el cambio cultural del México posrevolucionario. Su trabajo como patrocinadora y promotora de proyectos tales como la revista Contemporáneos, el Teatro Ulises y la revista Ulises demostró un compromiso sólido con la modernización de las artes y con poner en tela de juicio los modelos nacionalistas que predominaban. Su visión permitió introducir nuevas corrientes estéticas en un medio marcado por tensiones ideológicas y por una cultura oficial que privilegiaba lo folclórico. A ello se suma su reflexión crítica sobre el papel de la mujer, a quien consideraba responsable de generar vida moral y de ocupar un lugar activo en la esfera pública, desafiando la pasividad y docilidad impuestas por las estructuras sociales de su tiempo. En este artículo se analiza a Antonieta como una figura clave cuya acción cultural y pensamiento sobre la identidad femenina redefinieron el rumbo de la vida artística e intelectual mexicana en un momento crucial de su historia.

Figura 1. Antonieta Rivas Mercado (1900-1931)

Nota: Foto de Tina Modotti, citada en González (2016).

Mencionar a Antonieta Rivas Mercado inmediatamente nos remite a su muerte cuando decidió terminar con su vida un 11 de febrero de 1931 en la catedral de Notre Dame, París.

Mencionar a Antonieta Rivas Mercado inmediatamente nos remite a su muerte cuando decidió terminar con su vida un 11 de febrero de 1931 en la catedral de Notre Dame, París.

¿Pero acaso es este terrible suceso lo más importante de su vida? Rivas Mercado fue una gran promotora cultural que desafió a su tiempo, y cuya labor vanguardista fue clave en la modernización de la cultura en el México posrevolucionario. Sin ella habría sido imposible concebir el Teatro Ulises, la Revista Ulises y la Revista Contemporáneos, proyectos culturales de los cuales fue mecenas y que se separaban de manera radical del movimiento representado por Rivera, Orozco y Siqueiros.

En 1928, Diego Rivera pintó un mural en la Secretaría de Educación Pública. Llama la atención ver a Antonieta Rivas Mercado pintada de manera elegante y con el rostro devastado recibiendo de manos de una mujer revolucionaria una escoba, quien apunta con el dedo hacia un listón que anuncia el nombre de la pintura: El que quiera comer que trabaje (ver figura 2). En la parte inferior izquierda se localiza un personaje con orejas de burro que recoge del suelo elementos relacionados con las artes y un número de la revista Contemporáneos; detrás de él un niño, con un fuerte parecido a Diego Rivera que patea a quien podría representar a Salvador Novo. “Esta pintura mural de Rivera refleja perfectamente la animadversión que el muralista tuvo hacia el movimiento y la ideología que representaron los Contemporáneos” (Secretaría de Cultura, 2020, párr. 3).

Figura 2. El que quiera comer que trabaje. panel del Corrido de la Revolución Proletaria (1928).
Fresco de Diego Rivera en el segundo piso de la SEP

Nota: González (2016).

Vayamos al inicio, Antonio Rivas Mercado (1853-1927), padre de Antonieta fue un reconocido arquitecto de fines del porfiriato, quien, entre otros logros, remodeló y terminó el teatro Juárez de Guanajuato y diseñó y construyó la famosa columna del Ángel de la Independencia que hasta la fecha se encuentra erguida sobre la Avenida Reforma en CDMX.

Gracias a la posición económica de su padre y al ambiente cultural que le rodeaba, Antonieta tuvo una educación privilegiada. Su fase como intelectual inició en 1926, al regresar a México después de viajar durante tres años por Europa junto a su padre y su hijo.  Aprovechó su paso por el viejo continente para acercarse más al mundo del arte y la literatura.

Ese mismo año, Antonieta conoció al pintor Manuel Rodríguez Lozano (1895-1971) con quien entabló una cercana amistad de la cual se conserva una amplia correspondencia (1927-1931). Esas 87 cartas de amor, testimonio documental, son fuente de incalculable valor para conocer su personalidad; “muestra de una escritura cuya espontaneidad e inmediatez no le restan belleza y profundidad” (González Luna, 2002, p. 410).

El gran amor que Antonieta sentía por Manuel queda como testimonio documental cuando le escribe lo siguiente:

Manuel:  comienzo a sentir la vida como el camino de perfección, y usted lo es para mí [...] Cerca de usted la vida se convierte en el camino estrecho que lleva al cielo ... cuánto equilibrio y madurez espiritual haya en mí, le corresponde por derecho. Sin usted me hubiera perdido (Rivas Mercado,1987, p. 357)

Manuel respondió en el año de 1928 el honor que le representó conocer a Antonieta:

Mujer extraordinaria desde todos los puntos de vista por su excepcional inteligencia, su fuerza, su carácter, su nobleza, su generosidad y su distinción. Por afinidad de intenciones, se estableció entre nosotros una positiva amistad, y esta extraordinaria mujer, que replanteaba constantemente interrogaciones sobre las cosas; me hablaba de sus deseos de realizar una  labor constructiva en favor de México, y que tenía profundo sentido estético arraigado desde su infancia por la práctica de la danza, me propuso alguna vez crear un teatro moderno que colocara a México, por su intención, al nivel de los países de Europa, de donde acababa de llegar (...) Por aquella época, Antonieta Rivas Mercado llegó a ser el centro del movimiento artístico mexicano". (Rivas Mercado, 1975, p. 14 citada en González Luna, 2002, p. 414)

Dicha relación le abrió camino al mundo intelectual posrevolucionario, pues gracias a él es que Antonieta conoció a Salvador Novo y a Xavier Villaurrutia. Ellos, sumados a otros escritores comenzaran a participar en actividades culturales en la misma casa de Antonieta bajo el nombre de Grupo Ulises.

De estas tertulias surgió en mayo de 1927, Ulises. Revista de curiosidad y crítica, financiada a partir de su segundo número por Antonieta, en esta:

El grupo de escritores que participaron en ella, incluida la propia Antonieta, se caracterizó por buscar construir una literatura mexicana ajena a los folclorismos, al indigenismo y al rechazo hispánico que caracterizó a otros grupos de intelectuales posrevolucionarios, como fue el caso de los muralistas. (García 1998 citado por Olague Méndez, 2022, p. 463).

Esto propició que los escritores de Ulises fueran ampliamente criticados en el ambiente intelectual, llamándoles despectivamente como “«desprovistos de nacionalismo», «traidores a la Revolución» y «promotores de los valores burgueses»” (Secretaría de Cultura, 2020, párr. 6).

Figura 3. Portada de Ulises. Revista de Curiosidad y Crítica. Revista núm. 5,
Ciudad de México, diciembre de 1927.
(editores: Salvador Novo y Xavier Villaurrutia).

Nota: González Matute (2019)

Figura 4. Portada del número 1 de Contemporáneos. Junio de 1928

Nota: González (2016).

En 1928, Antonieta Rivas Mercado promocionó la creación del patronato de la Orquesta Sinfónica Mexicana apoyando como director a Carlos Chávez. Ese mismo año, el Grupo Ulises inauguró la compañía de teatro que llevaría el nombre de Teatro de Ulises, financiado por Antonieta.  Al respecto comentó: “Tenía la necesidad de hacer teatro de vanguardia, como los que han surgido en París, Nueva York y otras ciudades…representando obras extranjeras que en ese momento se encontraban en boga…con el objetivo de presentar teatro moderno y sacudir telarañas, que no por viejas, eran respetables” (Gamas, 2019, p. 163) 

Figura 5. El teatro de Ulises

Nota: Ortiz Bullé Goyri (s.f.)

Entrevistada por el periódico El Universal Ilustrado, en mayo de 1928, Antonieta expresaba que había que iniciar con un teatro mexicano que estuviera lejos de los estereotipos de “mexicanidad” que otros intelectuales posrevolucionarios promocionaban, porque “lo que ha dado en llamarse teatro mexicano es una vergüenza para la intelectualidad mexicana, ya que lo mexicano no se define en torno al folclore tradicionalista” (García Gutiérrez, 1999, p. 617).

En La mujer mexicana, publicado en El Sol de Madrid (febrero de 1928), presenta, casi con fiereza, la idea que tenía de la mujer acusándola de su «pasividad» y «docilidad», insistiendo en que: no hay un modelo representativo de la mujer mexicana, porque como tal, ésta no existe, ya que la nación mexicana es la suma de influencias que pasan por las culturas españolas, la norteamericana, la francesa, y el sedimento de esas culturas, depositado sobre un fondo indígena (García Gutiérrez, 1999, p. 620).

Figura 6. La Mujer Mexicana. Antonieta Rivas Mercado 1900-1931.

Nota: Montes García (2004).

Su ideal femenino incluía la recuperación del pasado hispano católico como amalgama cultural para la consolidación de la identidad mexicana femenina. Esta postura en favor del catolicismo se enunciaba cuando la guerra cristera —1926-1929—se encontraba en su punto más álgido, y propugnaban la lucha por la defensa de la libertad religiosa católica, manifestando con esto un ataque directo contra Plutarco Elías Calles y su gobierno.

En ese sentido va la afirmación que escribe Antonieta: “Es menester que la mujer se ponga en condiciones de dar vida moral. ¡Que la mujer se haga capaz de dar vida moral al hombre!” (Gamas, 2019, p. 142, citado por Olague Méndez, 2022, p. 469). En este sentido Olague Méndez (2022) explica “Es decir, que la evidencia de una participación de la mujer en la vida pública de México se vería reflejada a través de la influencia de las mujeres sobre los hombres, fueran estos hijos, esposos, padres o hermanos” (p. 269).
La labor cultural de Rivas Mercado fue muy diversa, pues además de ser promotora cultural, fue editora de libros como Dama de corazones de Xavier Villaurrutia, Novela como de Nube de Gilberto Owen y Los hombres que dispersó la danza de Andrés Henestrosa (Rivas Mercado, 1975, p. 14). 

Antonieta y Vasconcelos se conocían de nombre –los dos eran íconos de la cultura en México– se encontraron por vez primera la tarde del 10 de marzo de 1929 en el vestíbulo de un hotel en Toluca, en plena campaña presidencial. Los presentó Samuel Ramos. Al instante ambos quedaron prendados uno del otro. Ella se obnubiló de aquel hombre de ilustre y veloz pensamiento, que tenía intenciones de cambiar la vida pública de México.

Vasconcelo describió así su primer encuentro:

El vestíbulo del hotel se tornó luminoso cuando me la presentaron…con naturalidad se estableció de inmediato una inteligencia perfecta entre nosotros…una de las más grandes mujeres que el país ha producido en los últimos tiempos… despilfarraba su fortuna en el sostenimiento de una Sinfónica, edición de revistas literarias selectas y en los trabajos de un teatro de minorías titulado “Ulises”. (Vasconcelos, 1946)

Figura 7.  José Vanconcelos y Antonieta Rivas Mercado. Diciembre de 1929.

Nota: González Méndez (2018)

A lo largo de los meses de gira electoral nació una relación sentimental entre ambos que quedó registrada en el Diario de Burdeos donde Antonieta presentaba a Vasconcelos como el “mensajero de la buena nueva” el hombre al cual “El pueblo envolvía con su adoración, porque era el redentor que México necesitaba para liberarse del peso que representaba la dictadura de Plutarco Elías Calles” (Rivas Mercado,1987, p. 245).

Su labor intelectual en México terminó en septiembre de 1929, esto “debido a que se habían recrudecido los ataques contra los simpatizantes y colaboradores de la campaña de Vasconcelos. Entonces, ella decidió abandonar el país” (Olague Méndez, 2022, p. 470).

Será en este exilio, Nueva York, Los Ángeles y finalmente en Burdeos, Francia donde Antonieta dedicó la mayor parte de su tiempo a escribir y elaboró varias de sus obras, algunas de las cuales dejó inconclusas por su prematura muerte  (Olague Méndez, 2022).

Antonieta en el Diario que escribió en Burdeos aclara:

[…] que el entregarse a la “tormenta política” que representó la campaña de Vasconcelos, la dejó en un estado anímico precario que la llevó incluso a hospitalizarse —esto sumado a otros problemas personales—, lo que demuestra que la participación que tuvo en la campaña fue mucho más activa de lo que tradicionalmente se le reconoce. (Olague Méndez, 2022, p. 477)

Olague Méndez (2022) señala que:

Es de suponer que tuvo que forzar su entrada a ese mundo distinto a su mundo, por su posición como mujer por un lado y, por el otro, al formar parte de un grupo intelectual que iba contracorriente. A esto se debe sumar que su participación en el movimiento vasconcelista la colocó en directa oposición al callismo forzándola al exilio   (Olague Méndez, 2022, p. 477).

Meses después, en París se vuelve a reencontrar con Vasconcelos. Son devastadoras las palabras en las que reproduce su última conversación:

No me necesita, él mismo lo dijo cuando hablamos largo la noche de nuestro reencuentro aquí en esta misma habitación. En lo más animado del diálogo, pregunté: "Dime si de verdad, de verdad, tienes necesidad de mí." No sé si presintiendo mi desesperación o por exceso de sinceridad, reflexionó y repuso: "Ninguna alma necesita de otra, nadie, ni hombre ni mujer, necesita más que de Dios. Cada uno tiene su destino ligado sólo con el creador" (Rivas Mercado,1987, p. 435)

El 11 de febrero de 1831, se escuchó dentro del recinto religioso de Notre Dame en París un trueno estremecedor. Una mujer caía ensangrentada. Antonieta Rivas Mercado fue sepultada el 16 de febrero, en el cementerio Thiais, a las afueras de París. La familia la desconoció. Cinco años después del triste acontecimiento, en 1936, el cuerpo, al no ser reclamado, fue exhumado y trasladado a la fosa común.

Conclusiones
Al finalizar este recorrido por la trayectoria de Antonieta Rivas Mercado, resulta imperativo trascender la imagen romántica y victimizada que ha dominado la narrativa popular, para rescatar a la intelectual activa y desafiante. Como se ha evidenciado a lo largo del artículo, Antonieta no fue un personaje pasivo en la historia cultural de México; fue una arquitecta de la modernidad en un país que luchaba por definir su identidad tras la Revolución.

Su labor no se limitó a abrir la cartera para financiar los sueños de otros; su mecenazgo fue una intervención crítica, una postura estética y política que buscaba insertar a México en el siglo que nos vio nacer.

La revisión de sus cartas y textos inconclusos revela que la dicotomía entre su vida pública y la privada es, en realidad, una falsa separación. En su correspondencia con Manuel Rodríguez Lozano, vemos cómo la escritura se convierte en un espacio donde escritura y biografía se fusionan, y sirven como un mecanismo de supervivencia. Las cartas no son solo documentos testimoniales de una pasión no correspondida o de una devoción o sumisión hacia la figura masculina del artista; son también el laboratorio donde Antonieta afila su pluma y su pensamiento crítico. En ellas, disecciona el ambiente cultural de su tiempo, criticando el folclorismo superficial que imperaba bajo la tutela de los muralistas oficiales. Esta lucidez demuestra que su angustia personal no anula su capacidad analítica y que por el contrario, su dolor parecía agudizar su visión sobre el entorno que la rodeaba.

Es crucial visibilizar a la editora que publicó obras fundamentales de Villaurrutia y Owen, a la traductora que trajo la vanguardia francesa a México y a la cronista que documentó el fin de la ilusión democrática. Su novela inconclusa, El que huía, prometía ser una exploración profunda de la identidad mexicana, pero sin folclorismos, prefigurando las reflexiones que más tarde harían Octavio Paz y Samuel Ramos.

Antonieta Rivas Mercado fue en definitiva una mujer desafiante que, como ella misma escribió, su deber era escribir y dejar testimonio de su paso por un mundo del que se sentía desterrada. Al releer sus textos y reconstruir sus proyectos se recupera a la escritora olvidada para completar el mapa cultural de un México que no se explica sólo a través de sus murales, sino que también se observa en sus grietas y voces disidentes. Su legado reside en esa inquebrantable voluntad de ser, de actuar y crear.

Sirva esta investigación para recordar a una gran promotora cultural de principios del siglo XX; quien supo vencer las barreras sociales y de género enriqueciendo la vida cultural del México posrevolucionario fuera del folklorismo imperante; una mujer que se ganó por sí misma un lugar en la Historia

 
 

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  Universidad de Guadalajara / CUAAD
Maestría en Gestión y Desarrollo Cultural